30.7.07

Tipos de bienes

Magdalena Ruiz Iguiñazú es una de las nuestras mejores periodistas, pero en Perfil del domingo extrae como copete una frase que supuestamente dijo el entrevistado:

"Aquí, el dólar sube y la gente lo compra más" El mercado argentino funciona al revés, dice el ex viceministro

En realidad, buscando en la nota, uno encuentra otra cosa:

"El dólar tiene esa característica: ¡es el único producto que, cuando sube de precio, hace que la gente lo compre más! Es al revés de cualquier otro mercado!"

Podrá parecerle a ella que ambas cosas son iguales, pero no lo son: el comportamiento atípico del mercado del dólar lo es en relación a otros bienes, pero no es una cuestión de nacionalismos.

Se suele definir como bienes típicos aquellos cuya demanda cae cuando aumentan de precio: al salir más caros, la gente los compra menos. Esto parece razonable, y si uno lo piensa parece lógico que debería ocurrir con todos los bienes. Sin embargo, hay excepciones.

Una son los bienes de Giffen, aquellos que están tan abajo en las preferencias de la gente que su consumo aumenta al aumentar los precios en general porque actúan como sustitutos. Otra, los bienes de Veblen, bienes de lujo cuyo consumo depende de que sean caros, ya que eso es lo que les da el status para ser atractivos a ciertos consumidores. Y también hay unos muy similares, definidos en función de la baja del precio: aquellos que son menos consumidos cuando baja su precio. No son las únicas excepciones, existen comportamientos en manada, que cuando más gente compra un bien, más desean comprarlo y lo compran, aunque el precio aumente (esto ocurre con las modas). Son comportamientos atípicos, contrarios a los que uno espera, pero no tan extraños.

No es tan sencillo llevar el paralelo al mercado bursátil y el monetario (porque si hay un precio, es porque hay una operación de compra-venta), pero es lo que se observa en este tipo de crisis. Podemos pensar que también las acciones en la bolsa pierden su atractivo cuando el precio disminuye, y cuanto más cae su precio, hay menos interesados en comprarlas. Y al contrario ocurre con el dolar (u otra moneda percibida como fuerte, o con el oro): al aumentar su precio, aumenta su demanda, ya que se lo percibe más fuerte o más seguro. O con los bonos, que comienzan a pagar más interés (es decir, son más baratos) pero los inversores los dejan de lado por bonos más sólidos. Y esto es un fenómeno mundial.

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10.7.07

Market of Lemons

Antes de seguir con tecnicismos, comentemos brevemente un juego sencillo. Se trata de dos personas, una que quiere comprar un automóvil usado y la otra que es quien lo vende. El vendedor pide 20 mil dólares por el vehículo, y el comprador debe decidir qué hace.

Razona para sí: "si el auto está en buen estado, 20 mil es un precio justo, pero si debo arreglarle el motor, eso me saldría 10 mil, y por lo tanto debería pagarlo sólo 10 mil."

Entonces, ¿qué debería hacer? La respuesta natural es contraofertar, proponer un nuevo valor. Observemos que hay un punto en el que ambos están de acuerdo: el auto en buen estado vale 20 mil. Pero hay otro punto en el que no están de acuerdo: ¿cuál es el estado del auto? Si está perfecto, vale los 20 mil, pero si no lo está, el comprador puede perder 10 mil dólares para arreglarlo.

Una solución razonable -desde el punto de vista del comprador- es ofrecer 15 mil. Después de todo, está comprando casi al azar, y reparte así con el vendedor los diez mil que están en dudas: si está perfecto, el comprador gana 5 mil, si tenía que arreglarlo, pierde 5 mil.

Pero esta solución no lo es desde el punto de vista del vendedor. Él sabe cómo está el automóvil, y si vale más de 15 mil, no lo venderá.

Y el comprador, que no es tonto, advierte ésto, con lo cual sabe que si el vendedor le acepta el precio de 15 mil, es porque el autómovil vale eso o menos.

De golpe, observamos que la clave es que la diferencia entre ambos es la información que se tiene sobre el estado del automóvil. Comprar un automóvil usado es un juego de información asimétrica, donde un jugador (el vendedor) tiene ventaja sobre el otro.

La historia de este análisis es apasionante. Por ahora, digamos solamente que su autor, George Akerlof, terminó ganando el premio Nobel de economía por él.

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